Mi abuela me enseñó a no ser una luchadora

 

Así como lo lees, mi abuela me enseñó muchísimas cosas, pero hay dos lecciones que son clave en mi vida, la más importante, precisamente, no ser una luchadora.

Sé que muchos dicen que hay que ser unas luchadoras y guerreras en esta vida, que somos más fuertes de lo que pensamos.

Lo que no nos dicen es que, en realidad, no tenemos nada porque luchar y ese es el punto importante.

 

Te voy a contar la historia de mi abuela no luchadora

Mi abuela materna nació y creció en un pueblito de Galicia, España. En una familia de pocos recursos.

Cuando tenía 16 años quedó embarazada de mi mamá y se casó con mi abuelo. Después tuvieron dos hijos varones más.

En febrero de 1974 se casaron mis papás… mi mamá se vino para México con mi papá y conmigo (en la panza, pero cuenta).

En mayo, del mismo año, falleció mi abuelo en Panamá; donde vivía con mis tíos; se habían ido a buscar oportunidades para mejorar la calidad de vida que llevaban.

En agosto, del mismo año, falleció mi tío (el menor, con 18 años) en un accidente de coche.

Mi abuela quedó viuda y perdió a su hijo menor con 41 años (yo tengo 46).

 

La primera lección de mi abuela

Ella se vino a vivir con nosotros cuando yo tenía 2 años.

La primera lección que aprendí de ella, con el ejemplo, fue la fortaleza.

Era un roble, jamás; y cuando te digo jamás es literal, la oí quejarse de nada. Ni de un dolor físico, ni un dolor emocional… de la vida, las circunstancias, la gente… de nada.

Si sufría (que estoy segura de que sí), si le dolía algo, si estaba enojada o deprimida, sólo lo sabía ella. Siempre la veías contenta y siempre estaba para todo el mundo. Vivía para hacer felices a los demás y complacerlos en todo.

Como puedes ver, fue alguien muy importante en nuestra vida… y en la mía lo sigue y seguirá siendo.

Ella me enseñó eso, si algo tengo de ella es esa fortaleza. Dicen que tengo el «umbral del dolor» muy alto; y esto se consigue a fuerza de no quejarse del más mínimo dolor, sí, como lo lees o lo interpretas, de aguantar. A fuerza de aguantar y mantenerse fuerte como un roble es como uno se va volviendo más fuerte (o eso pensaba yo).

 

La segunda lección de mi abuela y, para mí, la más importante

No vine a ser luchadora, vine a ganar.

Mi abuela regresó a vivir a España cuando yo tenía 22 años. Hace 10 años volvió a vivir con mi mamá, aquí a la ciudad donde vivimos nosotros. Volvió a mi vida…

Me he cansado de ver y escuchar que debemos luchar en esta vida, que debemos ser unas guerreras incansables y que debemos ser fuertes para soportar lo que la vida nos presente o nos mande.

¿Es en serio?

La vida no es una batalla, ni una guerra. No tenemos que pelear ni luchar por nada. Esta idea es la que está haciendo que, cada vez, los seres humanos se peleen por todos lados entre ellos; creyendo que tienen que estar luchando.

Cuando digo que venimos a ganar, tampoco estoy diciendo que tengamos que ganarle a nadie. Sólo a nosotros mismos. Ser ganadores es tomar decisiones para conseguir lo que queremos en base a lo que somos.

A mi abuela le diagnosticaron con cáncer hace 6 años; con metástasis. Le aplicaron una sola dosis de quimioterapia porque, según nos dijeron, le aplicaron una dosis muy fuerte y eso le provocó un aceleramiento (no sabemos si la tendría igual) en el desarrollo de demencia senil y además, por su edad, no soportaría más quimio (según).

Cuando nos dijeron esto, mi mamá y yo nos fuimos a consultar a un doctor que, sin verla y viendo sus estudios, nos sugirió unas hormonas con las cuales, si bien no iba a mejorar, por lo menos no iba a empeorar. Y eso tomó por años.

Mientras los doctores insistían en que no entendían cómo seguía respirando y comiendo; ya que el cáncer había evolucionado y estaba bloqueando mucho los conductos respiratorios y digestivos; ella seguía comiendo y respirando.

Ella solía decir, muy a menudo, que no se quería morir… y sin importar lo que dijeran los médicos, ella seguía… sin dolor, sin queja, sin medicamentos (sólo el que tomó toda la vida para su presión alta).

 

Ella ganó siempre

El 10 de enero mi abuela falleció…

La última vez que yo hablé con ella me dijo que se estaba cansando, fue la primera vez que escuché una queja de ella. No hizo referencia a nada, sólo se estaba cansando, de qué o de quién, sólo ella sabe.

Ella ganó, no fue una luchadora, fue una ganadora. Ella decidió cómo, cuándo y con quién…

Esa, para mí, ha sido su más grande lección. El mundo no está hecho de luchadores y la vida no es una batalla… la vida está hecha de ganadores y la vida se vive plenamente tomando decisiones y actuando de acuerdo a ellas para ganar siempre.

 

¡Gracias abue!

Por existir, por ser y por estar… por ser un ángel en la Tierra y ahora un ángel en el universo; por permitirme formar parte de tu vida, por formar parte de la vida; por ser parte de mi contrato y nos vemos en la siguiente.

¡Te amo!

FIRMA OSCURO Rocio Casas

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