¿Cómo lidiar con la frustración y no morir en el intento?

 

 

Frustración 1

 

Hace años que hago las cosas que hago y aunque no me considero ninguna experta, porque siempre hay algo nuevo por aprender, sí que creía que había ciertas técnicas que ya dominaba y no me imaginaba que la frustración aparecería haciéndolo.

Todo esto suena muy bien porque además me encanta hacerlas, pero de repente uno se convierte en un “robot ” y cree que las cosas van a salir bien porque ya sabes cómo hacerlas.

Pero hay días que las cosas se tuercen y te sale todo mal. Ya había hablado de los vientos en contra y puedes leerlo aquí.

Lo más fácil es echarle la culpa a todo, “qué mala suerte tengo”, “a mí todo me sale mal”, “es que cuando viene una, vienen todas”, etc.

Y no te detienes a pensar qué es lo que realmente está pasando.

 

 

Y sabes ¿por qué haces eso?

 

Porque normalmente no hay un culpable sino un responsable y la única responsable eres tú y esa parte es la que no gusta.

Analizar una situación que no nos gusta o nos frustra desde la perspectiva del “yo” puede ser doloroso y por eso preferimos echarle la culpa a algo más, ya sea una persona, Dios, el universo, el clima.

 

No hay más responsable que uno mismo.

 

Pero cuando te tomas unos minutos para desconectar de lo que estás haciendo o lo que está pasando y lo analizas desde otra perspectiva te das cuenta de que eres tú la que está pasando por cierta emoción que está causando eso y además puedes tomarlo con calma y obtener la respuesta y el resultado que estabas buscando.

 

¿Por qué te cuento esto?

 

Yo decoro botellas desde hace años y las ideas llegan a mí mientras sueño ya sea despierta o dormida.

Hay veces que veo algo y eso me inspira para una nueva idea.

Tengo varias técnicas que me encantan como el puntillismo, la falsa piel, el huevo y el craquelado.

Esta semana he tenido inspiración navideña y me he puesto manos a la obra creando piezas nuevas, pero cuando ya estás acostumbrada a hacer las cosas en automático crees que deben salir bien a la primera.

 

Y ¿qué pasa cuando no es así?

 

Llega la frustración, le echas la culpa a todo y a todos. El mundo complotea en tu contra para que las cosas te salgan mal. Alguien te echó mal de ojo, malas vibras.

Pues no. Tómate cinco minutos, relájate y descansa.

A veces traes algo atorado o atravesado y es lo que te hace que lo saques en lo que estás haciendo.

Nuestro cuerpo necesita sacar las emociones, tanto negativas como positivas.

Si no haces ninguna actividad donde puedas dejarlas fluir lo harás en tus actividades diarias o cotidianas.

Es por eso que hay días que estás feliz y todo parece acomodarse y salir casi perfecto.

En cambio, si has tenido un episodio de enfado o tristeza, las cosas empiezan a complicarse y a salir todo mal.

 

Frustración fuera.

 

Yo me tomé un café, escuché una clase que tenía pendiente y cuando terminé decidí sacar todo el enojo que traía lavando por completo las tres botellas que estaba haciendo y que no salían como yo quería.

Liberé todo el estrés y frustración que me había causado mi enojo y cuando terminé me sentía más tranquila, la inspiración llegó.

No es que no estuviera, simplemente no podía salir porque otra emoción estaba bloqueando el paso para fluir.

Tal como las había soñado iban quedando.

 

¿Qué aprendí yo de todo esto?

 

Necesitas tomar muy en serio cada una de tus emociones, al fin y al cabo son ellas las que dominan nuestra vida.

Nuestro cuerpo responde a ellas y buscará la manera de que las reconozcas y las aceptes.

Lo mejor que puedes hacer es tomar tiempos de descanso y desconexión entre actividades para que no arrastres emociones negativas a la siguiente actividad.

Solo tomará unos minutos y te evitarás muchos dolores de cabeza y sobretodo muchos estados de frustración que solo hacen que nos compliquemos en situaciones que no son tan difíciles de solucionar.

 

 

No olvides dejarme un comentario, me encanta saber de ti.

Cuéntame, ¿Y tú cómo manejas la frustración?

¿Qué técnicas o rutinas tienes para dejarla salir?

Gracias por leerme y, si te apetece, únete a mi sueño.

¡Besiños infinitos!

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