misión de vida Rocio Casas

 

Así descubrió su misión de vida

 

El camino estaba completamente despejado,

no se veía el principio ni el fin;

total, todo en esta vida es cíclico,

cada final solo es un nuevo comienzo

y cada comienzo llegará a un final.

 

Estaba en lo alto de las montañas,

tan alto y claro,

que casi podrías tocar las brillantes

y blancas nubes con las manos.

 

Si la vieras en la lejanía,

casi podrías asegurar que flotaba entre algodones de azúcar.

La luz del sol se reflejaba en la claridad del cielo y rebotaba entre las nubes.

Estaba cerca del risco y contemplaba, en silencio, el inmenso valle.

 

Lo vio claro…

 

De pronto se extendieron sus larguísimas alas blancas,

las puntas en un color turquesa degradado,

destellos de luz reflejaban el sol penetrante entre las nubes.

Podías apreciar su figura esbelta y delicada bajo aquel resplandor.

Vestida de blanco y con un cinturón color turquesa,

lleno de flores de colores que combinaban, a la perfección,

con sus deslumbrantes alas.

 

Estaba al borde el inmenso valle,

bajo ella se podía apreciar lo verde del campo

y los colores hermosos con los que la naturaleza había coloreado las flores

que se extendían a lo largo de aquel verde paisaje.

Los animales corrían emocionados de un lado a otro,

ya fuera jugueteando entre ellos o en busca de alimento;

pero allá abajo, todo parecía estar bien, todo era perfecto.

 

Y ella era feliz,

se le notaba en su postura y en su mirada,

esos ojos oscuros, profundos pero expresivos.

Brillaban, viendo toda aquella belleza extraordinaria.

 

Así que se lanzó al vacío,

así podría apreciar toda aquella belleza más cerca,

poder olerla, tocarla y disfrutarla.

 

Se extendía cual larga era

y sus alas resplandecían aún más.

Había descubierto su misión en este plano,

cuidar y proteger lo que le había sido encomendado.

 

Aquel valle entre montañas, aquella belleza,

ella debía recordar a cada cosa,

persona, animal, que viviera allí,

que eran perfectos por el simple hecho de existir;

que habían sido creados perfectos y para ser felices; y esa era su misión.

No permitir que olvidaran.

 

Sus sufrimientos, penas y enojos anteriores

habrían valido la pena porque su transformación era asombrosa

y su misión la hacía un ser humano aún más hermoso de lo que jamás había sido;

y eso, la hacía muy feliz.

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¡Besiños infinitos!

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