Un susurro de libertad

 

Se sentaba cada tarde en el banco del jardín.

Miraba, con la vista perdida hacia el horizonte,

mientras el olor a jazmín le refrescaba la memoria.

 

Nunca supo en realidad porque disfrutaba sentarse ahí

en aquellas tardes de invierno,

pero sentía una paz y tranquilidad que había deseado

por mucho tiempo.

 

Se perdía por horas en sus propios pensamientos

que la hacían viajar en el tiempo

y sentir en cada poro de su piel

aquellos momentos que llenaron su vida de felicidad.

 

Con cada respiración,

brotaba de lo más profundo de su pecho,

un suspiro enviado al cielo,

esperando que, en algún momento,

este le respondiera.

 

Esa tarde ocurrió,

lanzó un suspiro al cielo

y mientras esperaba su respuesta,

esta llegó de la mano de un pequeño colibrí

que le susurró al oído que su deseo había sido escuchado

y había llegado el momento de cumplirlo.

 

Con un ligero dejo de melancolía,

se levantó de su viejo banco del jardín,

tomó un último aliento de jazmín

y sus alas brotaron,

se extendieron y se echó a volar.

 

Había conseguido, por fin,

lo que tanto anhelaba, su libertad.

 

«Vuela libre, la jaula sólo existe en tu miedo.»

 

 

Por hoy es todo, pero ya sabes que cualquier cosa,

estaré encantada de leerte en los comentarios y por correo (platicamosrocio@gmail.com).

Gracias por leerme y

si te apetece, comparte y soñemos juntas.

No seas diferente,

¡Sé única!

¡Besiños infinitos!

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