hoy vi un ángel

 

Hoy vi un ángel

 

Estaba parado frente a mí y me sonreía.

Era imponente, pero a la vez, dulce y sereno.

Sus enormes alas se extendían a cada lado de su cuerpo

y parecía como si me invitara a fundirnos

en un abrazo eterno.

Sentí tanta paz y una felicidad, difícil de describir en unas cuantas palabras,

lo único que atino a decir es que sentía como si me hubiera ido

a un lugar del que no quería regresar.

Me miraba con sus penetrantes ojos obscuros,

sentía como si viera a través de mi piel

y pudiera ver más allá de mi físico;

mi mente, mis pensamientos, mi corazón, mi verdadero yo.

Y así como sentía que me iba recorriendo con su mirada

tenía la sensación de que me acariciaba el alma.

Todo cambió de pronto

En cuestión de segundos, me invadió un terrible miedo,

un pánico horrible a que ese momento terminara,

a que solo fuera un sueño, producto de mi imaginación o locura.

Me miró fijamente, pero no perdía su dulzura,

de pronto rompió el silencio.

– ¿Por qué temes, por qué te preocupas por lo que va a pasar

y dejas de disfrutar el momento?

Su pregunta me dejó helada,

como si hubiera caído una nevada dentro de mi habitación.

En un pequeño instante había cambiado

aquella emoción por un miedo y preocupación

sin sentido, sin necesidad;

ni siquiera había acabado de entender lo que me estaba pasando

y, cuando empezaba a disfrutarlo,

ya esta preocupándome porque terminaría.

Y ahí estaba, cuando de pronto,

empecé a echarle la culpa por haberme hecho esa pregunta.

Al final, la culpa era de él

por no haberme hablado desde el principio

y explicarme porqué estaba viéndolo,

porqué había decidido venir a visitarme a mí.

Él había sido el que me había causado el miedo en primer lugar.

Si me hubiera dicho quién era y que quería,

yo no hubiera divagado con tantas cosas en mi cabeza,

me hizo creer que estaba loca e imaginando cosas.

Entonces, volvió a hablar.

– Y ahora ¿por qué pierdes tu tiempo buscando un culpable?

¿Ya no te causo emoción, paz, tranquilidad?

¡Claro que no!

 

Ahora solo sentía enojo y frustración porque,

además de todo,

estaba perdiendo el tiempo en estas locuras

con todo lo que tenía que hacer.

Así que decidí que era el momento

de dejarme de tonterías

y ocuparme de todo lo que tenía que hacer

y así se lo dije.

Él asintió, me miró profundamente y dijo:

– ¿Te has dado cuenta de todo lo que ha pasado

en tan solo unos minutos?

Empezaste teniendo un momento grandioso,

que estabas disfrutando al máximo.

Permitiste que el miedo y la preocupación

te dominaran y, entonces,

dejaste que el gran momento se te escapara.

No conforme con eso,

decidiste echarme la culá

por todo lo que habías creado en tu mente

y no aceptaste tu propia responsabilidad.

Por último, te culpaste por perder el tiempo

que deberías estar pasando

cumpliendo con tus deberes y rutinas.

-Esto mismo lo haces en tu vida,

todos los días.

Desaprovechas cada pequeño detalle

porque te preocupas demasiado por lo que pasará después,

tiemblas de miedo pensando en cosas que nunca han pasado

y que no sabes si pasarán.

Culpas a otros de tus decisiones y tus actos.

Prestas tan poca atención a los grandes momentos

que hay en tu vida y por los que deberías sentirte

feliz y agradecida.

– Vives tanto en el pasado y en el futuro que te pierdes del presente.

Has puesto tan poca atención en mí,

que no te has dado cuenta

que estás viendo un espejo.

 

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¡Besiños infinitos!

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